¿Qué revela Esecaflor sobre la sequía en la Amazonía?
En el corazón del Bosque Nacional de Caxiuana, Brasil, un experimento único llamado Esecaflor ha estado simulando sequías extremas desde el año 2000. Con 6.000 paneles de plástico instalados sobre una hectárea de selva, los científicos desvían la mitad de las precipitaciones que normalmente alimentarían el suelo. Junto a esta parcela “seca”, una sección idéntica permanece intacta como control, ambas equipadas con sensores que registran la humedad, la temperatura, el crecimiento arbóreo, el flujo de savia y la evolución de las raíces, entre otros parámetros.
Impactos a largo plazo: de sumidero a emisor de carbono
Durante los primeros años, la selva pareció resistir el estrés hídrico. Sin embargo, aproximadamente ocho años después de iniciar el experimento, comenzaron a observarse cambios drásticos: la biomasa se redujo hasta en un 40 %, con la muerte de los árboles más grandes y una pérdida significativa de carbono almacenado. De acuerdo con un estudio reciente publicado en Nature Ecology & Evolution, esta transformación convirtió a la parcela seca de sumidero de carbono en emisor, antes de estabilizarse en un nuevo equilibrio.
¿Una sabana en ascenso?
A pesar de que algunos modelos previos auguraban la conversión de la Amazonía en sabana o pradera, el experimento Esecaflor demostró que incluso tras dos décadas de sequía intensa, la selva no perdió por completo su estructura forestal. Esto ofrece un atisbo de esperanza, pues sugiere cierta resiliencia ecológica, aunque las pérdidas de biomasa y de capacidad de absorción de CO₂ son indudables.
La siguiente fase: recuperación y regeneración
En noviembre pasado se retiraron la mayoría de los paneles plásticos, dando inicio a la etapa de recuperación. Ahora, investigadores como João de Athaydes y Lucy Rowland observan cómo la selva responde cuando vuelve a recibir precipitaciones plenas. El objetivo es entender si el bosque puede regenerarse por completo y recuperar su función de amortiguador climático.
Paralelismos con El Niño y desafíos futuros
Los hallazgos de Esecaflor adquieren especial relevancia tras las dos recientes sequías récord influidas por El Niño y el calentamiento global, que causaron incendios masivos y la mortandad de fauna acuática en ríos amazónicos. Aunque aquel evento extremo combinó déficit de lluvias y aumento de temperatura con un aire más seco, y Esecaflor solo manipuló la humedad del suelo, ambos escenarios confirman la pérdida de capacidad del bosque para retener carbono, liberándolo de nuevo a la atmósfera y acelerando el cambio climático.
Este experimento, el más longevo de su tipo en el mundo, no solo aporta datos cruciales sobre la resistencia y vulnerabilidad de la Amazonía ante la sequía, sino que también guía las estrategias de conservación necesarias para proteger el “pulmón verde” de nuestro planeta.
